El poder de un abrazo

El poder de un abrazo

El otro día uno de mis grandes maestros, mi hijo de 6 años, había tenido un enfado motivado por un despiste.

Al rato me dijo: – mami, me he dado cuenta de que después de enfadarme necesito un abrazo para calmarme –

¡Qué gran maestro eres, chiquitín!

Me llama la atención cómo encontró solito una solución para calmar sus emociones, cosa que los adultos necesitamos horas para ello, terapias, hobbies, etc para entender realmente que nos pasa.

Esto me animó a escribir este post.

¿Cuántas situaciones de la vida cotidiana que nos alteran enormemente podrían solucionarse, emocionalmente hablando, con sólo un abrazo?

Pensemos en una situación del pasado con un familiar o un amigo con quién ya no tengamos relación y reflexionemos, ¿un abrazo a tiempo hubiese solucionado el problema o al menos suavizado la tensión existente?

Cuando nos decidimos a abrazar a alguien  rendimos nuestro ego, aceptamos que la mente siga su camino sin hacernos daño a nosotros mismos y permitimos a nuestra emoción manifestarse de una manera natural.

En un abrazo aproximamos nuestro corazón al del otro, conectamos nuestros campos energéticos, nuestro 4 chakra se alinea con el de la otra persona y nos permitimos sentir al otro cerca. Esto nos ayuda también a  fortalecer nuestro autoestima, nuestra confianza y apego porque nos unen unos hilos invisibles con quienes abrazamos frecuentemente.

Un abrazo también despierta nuestro lado más tierno y paciente, nuestro sistema nervioso se relaja, nos permite expresar lo que sentimos sin necesidad de emplear palabras, por ese motivo la mente y el ego quedan fuera del proceso.

Cuanto más largo es el abrazo mayor cantidad de emoción liberada, así de sencillo y así de mágico. 

Una separación temporal, un fin de vida, un trabajo que se termina, ¿cuantos abrazos de nos quedaron pendientes y ya no podremos darlos ni recibirlos?

¿Cuántas situaciones hubiésemos podido arreglar con un abrazo a tiempo? Seguro que más de una y de dos.

Aprovecha cada ocasión que te dé la vida para solucionarla abrazando.

¡Qué mejor manera de canalizar nuestra emoción que compartirla con los nuestros en forma de abrazo!

Vivir en coherencia

Vivir en coherencia

Una de las lecciones más importantes que la vida nos va enseñando en sus diferentes etapas es la de la coherencia.

Pero, ¿qué es exactamente la coherencia? ¿Qué tiene que ver eso conmigo? ¿Y cómo la incorporo a mi vida o qué me puede aportar?

La coherencia significa la unión, la conexión o la relación entre las cosas, de modo general.

Aplicando la coherencia a la vida de cualquier persona, ésta representaría la capacidad de establecer una conexión lógica en todos sus ámbitos.

Quiere decir que si aprendemos a relacionarnos desde la coherencia con los demás, viviremos relaciones mucho más armoniosas.

¿Cuántas veces hacemos cosas por compromiso aunque no nos apetezca? ¿Cuántas veces decimos algo que no sentimos realmente, bien por no herir a alguien o bien porque en ese momento no nos nace? Pensar de una manera determinada, actuar de otra, expresar lo contrario y sentir algo totalmente distinto.

Un ejemplo práctico: una amiga de la infancia con la que la relación se ha enfriado, quedamos con ella “por compromiso”, pensamos que no nos apetece nada verla, aún así acudimos a la cita y después sentimos remordimientos por haber tenido estos pensamientos anteriores. Esto es una situación de gran incoherencia y es preciso corregirla por nuestro bien y el bien de nuestro entorno.

Cuando decidimos poner en orden nuestras vidas y liberarnos de ataduras, de viejos patrones de pensamiento, quitar a personas de nuestro entorno que ya no son afines a nosotros…. todo esto es un proceso de poner coherencia en nuestras vidas, es una tarea compleja a la par que dolorosa. Pero hay que entenderlo no desde el dolor sino desde la transformación personal, aquello que te marca te transforma en una versión mejor  de ti mismo.

No podemos ni debemos arrastrar nuestro pasado porque nos dé pena, ya no somos las mismas personas que hace unos años, por eso mismo hemos de ser coherentes, establecer límites y atrevernos a poner en orden nuestra vida.

Cuando se ha vivido durante años con mucha incoherencia cuesta cambiar esta situación, pues en ese momento la incoherencia se ha convertido en nuestra zona de comfort; en ese “más vale malo conocido que bueno por conocer” que hemos heredado de nuestros antepasados.

Por eso la coherencia viene de la mano de un cambio de conciencia.

Soltar mi pasado y permitir ser mi nuevo yo forma parte del proceso de ir poniendo coherencia en mi vida.

Acepto que ya no soy quien era, miro hacia adelante sin los lastres de atrás.

Elijo vivir en armonía e ir en la misma dirección con respecto a  lo que pienso, siento, digo, y como tal actúo.

Elijo vivir en coherencia conmigo mismo.

Recuerda tu esencia

Recuerda tu esencia

Recuerda quién eres. Recuerda a qué has venido.

No te pierdas en el intento ni te hagas daño por pensar que eres menos. 

No te identifiques con tus problemas, pues tú no eres ellos.

Estas aquí por una razón, pero no permitas que nada te hunda.

Tu pones los límites, tu pones las barreras, sólo recuerda quién eres.

Aprende de tus errores, son tus maestros.

Aprende de cada piedra con la que tropiezas, pues ha sido estratégicamente puesta en ese preciso sitio para ti.

¿Te resistes a aprender? La piedra volverá a aparecer sólo para que recuerdes quién eres, para que recuerdes tu esencia.

Porque lo que se resiste,persiste.

Y el problema vuelve a aparecer para que te demuestres que de verdad has aprendido a esquivar esa piedra.

Puedes saltarla, rodearla, volar por encima de ella… tú decides cómo quieres llevar a cabo tu aprendizaje.

Si te perdiste, hoy es el mejor día para encontrarte. 

Bienvenido al maravilloso mundo de la auto indagación. Aquí descubrirás a la persona más importante del mundo: tu mismo.

¿Cómo eres?¿Qué te gusta? ¿Con qué te identificas? ¿Qué te hace vibrar ? Esa es tu esencia.

Si acabas de recordar quién eres, ¡enhorabuena! Ahora te espera un viaje consciente por tu vida en el que recibirás tus lecciones pendientes  de una manera más armónica.

Si aún sigues esperando a que el mundo cambie para encontrarte, o nada de esto te resuena, te invito a que sigas mi blog y mi página, para mi será un placer acompañarte en tu búsqueda.

Sólo permite que las cosas fluyan.

Sólo ábrete a nuevos patrones de pensamiento.

Sólo recuerda quién eres.

Vaciándome para llenarme de nuevo

Vaciándome para llenarme de nuevo

¿Cuántas veces hemos sentido que no podemos aguantar ya más? ¿Cuántas veces hemos pensado que estamos al límite de nuestras posibilidades y aún siguen acumulándose los problemas o las historias por resolver ?

Y es aquí donde surgen más preguntas ¿Por qué a mi?¿Por qué esto? ¿Por qué así?

Para poder empezar a ver la luz al final del túnel es necesario echar la vista atrás e ir al lugar donde se inició todo, donde sospechamos que hay algo pendiente en nuestra vida por solucionar.

Tantas cargas, tantos problemas del pasado, traiciones, mentiras, abusos, engaños…

Por experiencia, todas estas situaciones en el momento en que suceden no las entendemos.

Debemos de elegir cómo y en qué medida permitimos que nos afecten.

¿Permitimos que este problema con este familiar nos quite el sueño?

¿Dejamos que nuestra compañera de trabajo nos siga haciendo la vida imposible?

¿Cedemos a la opinión del qué dirán?

El precio de que estas situaciones nos quiten nuestra paz es demasiado alto.

Como consejo, no se trata de pelearse con todas estas personas, empresas, problemas…

Se trata de preguntarles a todas y cada una de ellas: ¿para qué han venido a nuestras vidas? ¿Cual es el aprendizaje intrínseco que llevan consigo ?

Asumimos que han venido a enseñarnos algo, puesto que la vida es un continuo aprendizaje a largo, larguísimo plazo. 

En el momento en el que nos sintamos abrumados por la infinidad de situaciones mundanas, una vez reconocido que todas vienen para enseñarnos algo, debemos soltarlas.

El único modo en el que podremos tener una perspectiva clara de todo es cuando hayamos soltado el sentimiento que nos despertó.

Por ejemplo, si tengo una  culpa por no posicionarme en una relación familiar en la que se me sitúa en inferioridad de condiciones, tendré que llamar por su nombre a la emoción que ha despertado en mi, es decir, tendré que reconocer que tengo esa emoción con dicho familiar y no esconderlo como se suele hacer de costumbre.

En segundo lugar tendremos que aceptar que esa emoción está, debemos aceptarla y no luchar contra ella. Es en esa lucha por querer cambiarla en la que perdemos la batalla, la paciencia, las formas, la esperanza y hasta en ocasiones la salud.

Una vez reconocida, nombrada y aceptada esa emoción ya podemos empezar a liberarnos de ella. En eso consiste el proceso de vaciarnos. En liberar espacio en nuestro “disco duro” de las emociones, pensamientos y sentimientos que nos atascan.

Si no hacemos hueco en nuestro interior, no habrá más espacio para nada más. 

El proceso de liberarnos no es fácil.

Hay muchas emociones por asumir y procesar. Estaremos preparados para afrontar  algunas de ellas y otras no.

No debemos imponernos metas demasiado altas. Es mejor ser realistas e ir cerrando puerta a puerta para no dejar ninguna medio abierta.

Vaciarnos para luego llenarnos es mi propuesta y mi consejo para empezar un nuevo ciclo en nuestras vidas.

Suelta, acepta, libera, transforma.

Ya estás lista. Ya está hecho, ya está conseguido.

Adiós culpa

Adiós culpa

Corre culpa, corre

Huye de mi, yo ya  no deseo que estés  a mi lado.

No eres buena consejera, no solucionas nada.

En cuanto te apoderas de las personas alteras sus vidas por completo.

A veces llegas para quedarte, a veces solo eres pasajera, pero lo que despiertas a tu paso destruye y arrasa.

Se que existes por un motivo, para dejar un aprendizaje y transformar, pero esto no se entiende hasta que se procesa, y por el camino nos confundes.

Marcas en las emociones un profundo dolor en aquel que te abre la puerta.

Algunos te toman como lema y hacen de ti su camino de vida, deciden entonces pagar un alto precio y lastran toda su existencia con tu sobrepeso.

De todas la emociones humanas eres la que más bajo vibra, la más destructiva.

Saltas de generación en generación por las familias y siempre encuentras un recoveco para manifestarte.

En ocasiones pasas desapercibida y en un segundo te apoderas de la mente de quien te abre la puerta.

Eres mala compañera, las decisiones que se toman bajo tu influencia limitan todas las posibilidades de crecimiento y apertura.

Tus vecinas vibracionales son el miedo, la apatía e incluso el duelo.

Gobiernas el reino de la baja autoestima pues sabes que sin el amor propio las personas se creen nada.

Ese es tu poder, crear en las personas la culpa que creen tener.

Y yo te pregunto, ¿acaso no somos libres desde el momento en que nacemos ? ¿Por qué entonces te crees con algún derecho sobre nuestras vidas?

Corre culpa, corre lejos.

Ya no dejo que me guíes, ya aprendí que lo que antes me lastimaba ahora me hace más fuerte.

Lo que lloré por ti durante años lo he cambiado por la aceptación.

Todo el daño que me hiciste ya no puede volver a suceder, porque yo ahora ya no vibro afín a ti, ya soy algo más.

No tengo tu fuerza, pero ahora tengo las armas necesarias para defenderme de ti: se llaman perdón, aceptación y amor.

Permito que todo fluya, para que no te atasques en ningún rincón.

Deseo seguir evolucionando con todos mis planes, en armonía con el Todo.

Tu sigue con tus proyectos, que cuando todos despertemos ya no existirás y trascenderás a otro plano.

Te agradezco tus enseñanzas, pero ya nunca volveré a caer en tus redes.

Adiós culpa, hasta nunca.

Y por fin encontré lo que andaba buscando

Sí, por fin encontré lo que andaba buscando.

Encontré ese trozo que había perdido de mi misma al no amarme y respetarme.

Encontré el respeto profundo hacia mi ser, la aceptación de mis defectos y el amor a todos y cada uno de estos.

Encontré la solución a los problemas que acumulaba constantemente.

Encontré mi fuerza, mis ganas de vivir, mi deseo por cambiar.

Encontré que las respuestas a mis interrogantes estaban en las cosas más pequeñas de la vida cotidiana.

Encontré un trozo de mi ser  divino esperando a ser despertado.

Por fin me encontré a mi misma.

Cuando aprendí a sonreír

Cuando aprendí a sonreír

Cuando aprendí a sonreír me di cuenta del tiempo que había desperdiciado sin mostrar mi mejor cara al mundo.

Cuando aprendí a sonreír, afronté los problemas de una manera más positiva pues dejaron de asustarme los miedos que atormentaban mi mente.

Cuando aprendí a sonreír, descubrí que el pasado que siempre me había arrastrado con él desaparecía por completo.

Cuando aprendí a sonreír vi que mi vida era perfecta tal cual estaba, debía aceptarla y vivirla plenamente.

Cuando aprendí a sonreír entendí que en el Universo todo es exacto, nada sucede al azar, todo forma parte de un plan divino que no alcanzamos a comprender.

Cuando aprendí a sonreír asumí mis errores como aprendizajes de vida, pues mi alma los necesitaba para crecer.

Cuando aprendí a sonreír por fin me sentí libre de ataduras mentales que imposibilitaban mi crecimiento.

Cuando aprendí a sonreír superé los atascos terrenales y me convertí en la mejor versión de mi misma.

Cuando aprendí a sonreír abrí mi conciencia a planos superiores de luz y amor.

Gracias Universo, por haberme enseñado a sonreír.