El tránsito al reino del espíritu

Recientemente tuve el honor de acompañar a Loki, una cobaya de 6 años enferma, en su tránsito al renacimiento en el mundo del espíritu.

Loki llevaba seis años en la familia y era un miembro muy querido por todos. Si bien es cierto las cobayas no suelen llegar a viejitas, Loki tuve la gran suerte de atesorar una larga experiencia animal en este plano rodeado de personas que le cuidaban a diario y le acercaban a la experiencia de amor humano.

Encontramos a la cobayita recostada de lado y moviendo sus patitas rápidamente. La tomé en mis manos para que se sintiera arropada pues sabía que le quedaban apenas unos minutos.

Mis tres hijos de 3, 8 y 9 años lloraban desconsoladamente ante la dificultad de comprender la muerte como un renacimiento y verla como una despedida para siempre. Era el momento de actuar para guiar tanto a los niños para su aprendizaje como al conejito en su tránsito.

Comencé diciendo así:

“ Te agradecemos el tiempo compartido a nuestro lado, el amor y el cariño que nos has aportado, la paciencia que has tenido con nosotros…”

Le acariciaba y notaba como su corazón latía lentamente.

“Ahora poco a poco vas a sentir como tu cuerpo se queda más ligero, comenzando por tus patitas en ascenso hasta llegar a tu cabecita. No tengas miedo, tu cuerpo físico y tu espíritu están empezando a desacoplarse para tomar caminos distintos. Has tenido una experiencia animal en la Tierra acompañada por personas que realmente te han querido y cuidado y deseamos que ese sea el recuerdo permanente que tengas de nosotros. Ahora es el momento de no resistir, no sentirte apegado y dejar fluir tu esencia. No temas, estamos aquí a tu lado.”

Los pequeños tomaron a la mascota entre sus brazos para besarla y abrazarla.

Ya más calmados, continúan escuchando el jadeo del animalito, sus últimas respiraciones, sus últimos latidos …

“Morir aquí en la Tierra significa nacer al otro lado. Tu familia terrenal, nosotros, estamos felices por ti, porque estás a punto de reencontrarte con tu familia espritiual y estarán encantados de que les compartes tu experiencia en la Tierra que seguro seguro será de gran ayuda para ese precioso espíritu grupal animal que necesita nutrirse de estas distintas experiencias de animalitos encarnados para su evolución y su avance.

Es muy importante enseñarles a nuestros hijos la consciencia animal, el proceso de tránsito al otro lado, qué hay después de la vida física y que, ante todo, no tengan miedo. 

Un fuerte calor comenzó a recorrer mi espalda y tres entidades se manifestaron a mi lado. Su energía era amorosa, familiar, acogedora, armoniosa…

“Ya es el momento, para ello han venido tres entidades a acompañarte en tu tránsito. Dos de ellas son entidades espirituales de tipo animal con quien has compartido experiencias previas con cuerpo animal. La otra presencia es un ser muy elevado, alguien muy cercano a mi, un viejo conocido, un compañero de alma con quien he tenido el placer de vivir y compartir no solo experiencias físicas sino etéricos de amor incondicional. Estas en buenas manos, confía, todo está bien y todo va a estar bien.”

Mientras el animalito seguía jadeando, tomando sus últimas bocanadas de aire todo estaba en calma. Los niños ahora estaban relajados, observándole con amor, viendo todo el proceso de otra manera. Un tanto apenados por la separación temporal que ahora iban a experimentar pero felices y contentos por su avance y su liberación que le permitiría evolucionar en su camino y alcanzar otros niveles superiores de consciencia animal.

En mis manos sentía toda la energía de tránsito, la vibración emitida era amorosa, pacífica, sanadora. 

La cobayita terminó de desconectar sus últimas ataduras con el cuerpo que le quedaban y finalmente abandonó el que había sido su templo sagrado durante los últimos seis años. El último lugar donde sentí esa desconexión fue en su cabecita.

“Que tengas buen viaje. Tu familia de espíritu está agradecida de tenerte de vuelta. Acabas de nacer al otro lado. Te dan la bienvenida en casa. Están felices por tu nueva experiencia y por el reencuentro. Gracias, gracias, gracias por este tiempo compartido a tu lado. Eres un precioso ser de luz libre y más evolucionado que antes de iniciar esta experiencia. Te amamos y siempre te amaremos. Recuerda que puedes volver en el momento que desees, en la forma animal física o espiritual que más te resuene. Nuestras puertas y nuestro corazones siempre estarán abiertas para recibirte de vuelta de la forma que sea. Buen viaje, campeón. Te amamos hoy, ahora y siempre.”

Minutos después la presencia de las tres entidades y de la cobayita desapareció o simplemente dejé de percibirla.

Necesitábamos guardar respeto a su cuerpo y así finalizar el proceso.

Los pequeños escribieron dos notas que pusieron dentro de su cajita rosa que decían así:

“Que tengas un buen viaje, Loki. Te quiero mucho.”

“Loki, espero que estes mejor con tu familia. Gracias por estar seis años con nosotros. Te amamos.”

Cavamos un agujero en nuestro jardín y le enterramos junto a su hermano Peluchin que se fue justo hace un año. Después de despedirnos, plantamos una pequeña planta encima simbolizando ese renacer de la energía que crecer, que no se destruye sino que se transforma en otra distinta, similar, y prosigue su camino y su existencia en otros ola os de vibración más sutiles que el físico.

La experiencia que la cobayita me permitió adquirir acompañándole y sintiéndole en todo momento en el tránsito de muerte y renacer ha sido una de las más transformadoras y reales que he sentido hasta el momento.

Horas después de su fallecimiento, le oía en su mente, comunicándose conmigo diciéndome: “Dile a mis nenes que soy libre, que estoy bien, que estoy feliz. Soy libre. Tengo todo. Estoy tranquilito. Estoy bien. Díselo.”

Así hice, le di el mensaje a mis pequeños y salimos a pasear por la montaña en la que vivimos para poder terminar de transmutar la energía del proceso de tránsito y ajustar las emociones desbordadas del proceso que aún teníamos.

Nos sentimos agradecidos de haber podido compartir esta experiencia con un animalito tan pequeñito y tan grande a la vez, tan puro y bello que nos ha permitido avanzar y ver el tránsito de un plano a otro desde una perspectiva natural, amorosa y pacífica.

Gracias, compañero. Gracias Loki.