La transformación del Ser

Es de noche. Te preparas para ir a dormir, para cerrar un día de aprendizajes…

Te duermes. Estás relajada y sientes como poco a poco se aflojan tus músculos, tus tensiones recogidas durante el día, tus problemas comienzan poco a poco a abandonarte para dejar paso a una fase de sueño profundo.

Abres los ojos, pero no los físicos, sino los ojos del espíritu, porque tu cuerpo duerme plácidamente en tu cama. En ese momento, despiertas en un plano diferente, donde tú pareces la misma pero en realidad eres “otra” persona. Observas todo lo que hay a tu alrededor, el entorno te es familiar pero no has estado ahí antes. Estás en plena naturaleza, un lugar precioso, rodeado de vegetación donde todo aparece situado de manera armoniosa y apacible. A tu izquierda hay unas escaleras de madera que llevan hacia un camino que aún no estás preparada para ver. En el escalón más alto, se encuentra un hombre de edad avanzada. Su aspecto es afable, despierta ternura, amor y compasión. Viste ropajes antiguos, de color magenta o granate y te recuerda a los monjes tibetanos aunque no consigues ubicarlo en un espacio o lugar de la Tierra concreto. Sus ojos son rasgados y negros, y te miran con paciencia y con mucho entendimiento. Está esperando a que tú hagas algo que no te atreves aún a hacer. El será tu guía.

La escalera se eleva por encima de un profundo estanque lleno de animales y criaturas preciosas que jamás antes habías visto. Te acompaña un niño rubio, precioso, con cara de ángel. Parece que el pequeño está esperando a que tú estés lista para zambullirte en el agua y así él poder hacer él lo mismo.

El agua es cristalina. A través de ella se pueden observar plantas, rocas y unos extraños pececillos nadando en el estanque.

Preguntas mentalmente al maestro que te observa desde la escalera cómo puedes pescar ese pez si no tienes una caña. El maestro te responde en forma de pensamiento que no necesitas nada para adentrarte en el agua, más que la convicción de que realmente puedes hacerlo. De ese modo, tú quieres coger el pececillo marrón con lunares azules y el animal quiere ir hacia donde tú estás. El maestro te recuerda que lo que tú buscas, también te está buscando a ti.

Introduces la mano en el estanque y de repente el pececillo salta hacia ella. Lo observas con detenimiento y te sientes bendecida. El niño rubio se mete en el estanque a jugar con el agua y los demás animales que ahí habitan.

Cuando te dispones a acariciar al pez, te das cuenta de que ha comenzado a transformarse en otro animal más hermoso, mientras todavía está en la palma de tu mano. Tú vas a ser partícipe de esa transformación porque en absoluto es ajena a ti.

La criatura comienza a mover la cabeza de lado a lado, sacudiendo el agua que llevaba consigo. Con cada sacudida se hace más visible su transformación, hasta que finalmente se transforma en una criatura que nada tiene que ver con lo que era inicialmente.

Esta preciosa criatura te observa a través de sus profundos ojos. El color marrón de su piel con lunares azules sigue siendo parte de él aunque ahora de distinta forma. Ahora el maestro también te observa desde lo alto de la escalera y te sonríe plácidamente. Te recuerda que del mismo modo que el animalillo se transformó en otra preciosa criatura, es sólo un reflejo de tu interior. Tú también puedes transformarte en aquello que realmente anhelas, pues el exterior se manifiesta para recordarte aspectos de tu interior que necesitan ser atendidos. Todo está dentro de ti, esperando a que reúnas el valor necesario para sacarlo y sanarlo.

Eres un universo de infinitas posibilidades, en espera de que tu nivel de conciencia te permita realizar la transformación que estás destinada a tener y así convertirte en quien realmente eres. Ahora sólo vibras en un diminuto reflejo de tu ser, como una pequeña partícula que espera el momento idóneo para dar el paso de convertirse en algo más grande. El maestro te sonríe y te dice que te acompañará en tu camino de transformación, te recuerda que has venido a ser feliz, a sanar, a aprender y que no debes de perderte por el camino ni entretenerte con cosas banales, pues está en juego una misión mucho más grande: la transformación de tu ser.

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