Vaciándome para llenarme de nuevo

¿Cuántas veces hemos sentido que no podemos aguantar ya más? ¿Cuántas veces hemos pensado que estamos al límite de nuestras posibilidades y aún siguen acumulándose los problemas o las historias por resolver ?

Y es aquí donde surgen más preguntas ¿Por qué a mi?¿Por qué esto? ¿Por qué así?

Para poder empezar a ver la luz al final del túnel es necesario echar la vista atrás e ir al lugar donde se inició todo, donde sospechamos que hay algo pendiente en nuestra vida por solucionar.

Tantas cargas, tantos problemas del pasado, traiciones, mentiras, abusos, engaños…

Por experiencia, todas estas situaciones en el momento en que suceden no las entendemos.

Debemos de elegir cómo y en qué medida permitimos que nos afecten.

¿Permitimos que este problema con este familiar nos quite el sueño?

¿Dejamos que nuestra compañera de trabajo nos siga haciendo la vida imposible?

¿Cedemos a la opinión del qué dirán?

El precio de que estas situaciones nos quiten nuestra paz es demasiado alto.

Como consejo, no se trata de pelearse con todas estas personas, empresas, problemas…

Se trata de preguntarles a todas y cada una de ellas: ¿para qué han venido a nuestras vidas? ¿Cual es el aprendizaje intrínseco que llevan consigo ?

Asumimos que han venido a enseñarnos algo, puesto que la vida es un continuo aprendizaje a largo, larguísimo plazo. 

En el momento en el que nos sintamos abrumados por la infinidad de situaciones mundanas, una vez reconocido que todas vienen para enseñarnos algo, debemos soltarlas.

El único modo en el que podremos tener una perspectiva clara de todo es cuando hayamos soltado el sentimiento que nos despertó.

Por ejemplo, si tengo una  culpa por no posicionarme en una relación familiar en la que se me sitúa en inferioridad de condiciones, tendré que llamar por su nombre a la emoción que ha despertado en mi, es decir, tendré que reconocer que tengo esa emoción con dicho familiar y no esconderlo como se suele hacer de costumbre.

En segundo lugar tendremos que aceptar que esa emoción está, debemos aceptarla y no luchar contra ella. Es en esa lucha por querer cambiarla en la que perdemos la batalla, la paciencia, las formas, la esperanza y hasta en ocasiones la salud.

Una vez reconocida, nombrada y aceptada esa emoción ya podemos empezar a liberarnos de ella. En eso consiste el proceso de vaciarnos. En liberar espacio en nuestro “disco duro” de las emociones, pensamientos y sentimientos que nos atascan.

Si no hacemos hueco en nuestro interior, no habrá más espacio para nada más. 

El proceso de liberarnos no es fácil.

Hay muchas emociones por asumir y procesar. Estaremos preparados para afrontar  algunas de ellas y otras no.

No debemos imponernos metas demasiado altas. Es mejor ser realistas e ir cerrando puerta a puerta para no dejar ninguna medio abierta.

Vaciarnos para luego llenarnos es mi propuesta y mi consejo para empezar un nuevo ciclo en nuestras vidas.

Suelta, acepta, libera, transforma.

Ya estás lista. Ya está hecho, ya está conseguido.

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